
El accionar de piratas, algunos de ellos de renombre (Drake, Morgan), respondía a los intereses de las potencias enemigas de España. Durante el siglo XVII, aprovechando la disminución de controles por parte de una España en crisis la piratería creció hasta asolar los mares en procura de los ricos cargamentos que llevaban las flotas y galeones españoles.
El epicentro era la zona del Caribe y la franja del Pacífico, en especial Chile. Los ataques piratas también se daban en los puertos y en las ciudades o poblados que eran incendiadas y asaltadas en forma muy violenta. Por este motivo los piratas también eran perseguidos por la Inquisición y castigados severamente además de confiscarles las mercancías. En el siglo XVIII la piratería decayó pero aumentó el contrabando. Las mismas potencias dejaron de estimular los ataques piratas y se volcaron al contrabando de mercancías con la alianza de grupos locales. De esta forma mantuvieron el comercio activo con las colonias –aunque ilegal- pero las formas menos violentas trajeron mejores beneficios, especialmente cuando las reformas borbónicas otorgaron licencias para legalizar las transacciones. Asi ingresaron los franceses en chile (ver Sergio villalobos,1985) y los ingleses consiguieron licencia para dedicarse a la trata negrera. |
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