
La población de negros que llegó a América en calidad de esclavos también supo rebelarse frente a las condiciones a las que se vieron sometidos.
La naturaleza del esclavo no era igual a la del indígena, ya que el primero era considerado un bien de lujo y se obtenía a través de la compra. La adquisición de negros era un rasgo de prestigio, por lo tanto el español se preocupaba por mantenerlo saludable ya que era toda una inversión. De todos modos, los esclavos eran víctimas de abusos, desmanes y castigos frente a los cuales reaccionaban huyendo o amotinándose. Entre las estrategias usadas por los esclavos se cuenta la formación de los palenques, que eran ciertos “espacios de libertad”, situados en regiones marginales en donde se concentraban todos aquellos que huían. En el palenque, los africanos recreaban sus tradiciones y costumbres y esto les permitía seguir identificándose con su tierra natal y su propia historia. Desde estos núcleos se organizaban saqueos y ataques a los poblados blancos como forma de defensa y de protesta. Esta situación siempre generaba pánico e inestabilidad en las ciudades y provocaba la persecución por parte de las autoridades que aplicaban severos castigos a los que lograba capturar. Una vez que huían, muchos esclavos terminaban en bandas delictivas, en el vagabundaje o como fugitivos acechando haciendas para poder sobrevivir. Los motines organizados eran una práctica frecuente y bastante efímera, pero evidenciaba el gran descontento social que subyacía en la sociedad colonial. Producto de estas rebeldías, las autoridades coloniales procuraban resolver el conflicto circunstancial pero sin modificar o suprimir el sistema esclavista porque de hecho, de éste dependía buena parte de la mano de obra demandada en las colonias. Hasta fines del siglo XVIII los movimientos de esclavos fueron cada vez más conflictivos hasta la abolición del sistema esclavista a principios del XIX. Además de las revueltas producidas en Santo Domingo, los casos más conocidos son los de Coro y Maracaibo (1799) en Venezuela y el de Salvador, para los portugueses en Brasil (1798). Uno de los efectos fue el temor que generó en las elites locales la violenta reacción mostrada por los esclavos. En consecuencia, los monarcas borbónicos que estaban en el poder intentaron actuar con suma cautela a la hora el aplicar nuevas medidas. |
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