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Cuando los españoles llegaron a las tierras que llamaron América, se encontraron con sociedades de características tan distintas a lo que conocían que les resultaba dificultoso encontrar las palabras apropiadas para describirlas. Desde un principio, los cronistas españoles registraron por escrito todos los detalles de cuanto veían e iban encontrando para luego enviar la información al rey o a autoridades virreinales. Apenas llegados, los españoles difícilmente entendieron el funcionamiento de los pueblos nativos por lo que tendieron a decodificar lo que veían a través de sus propios valores y conceptos.
Es por esto, que cada crónica resulta distinta de las otras en la medida que refiere al punto de vista de quien la escribió. Por lo tanto, una misma realidad tiene varias interpretaciones según el ángulo de observación, aspecto muy interesante para observar los modos de pensar de la época. La sorpresa y la admiración que causaron los pueblos nativos incentivaron aun más la ansiedad por la conquista. Por ejemplo, cuando Cortés llegó a Tenochtitlán quedó sorprendido de lo que tenía ante sus ojos: una poderosa y planificada ciudad levantada con cuidadosa ingeniería en una isla en medio del lago Texcoco. Años más tarde, Pizarro llegaba al Cuzco desde donde se sorprendió con el despliegue del imperio incaico. De igual manera, hubo cronistas religiosos como Sahagún o Landa, quienes entraron en contacto con los pueblos indígenas de la región mesoamericana con el objetivo de evangelizar. Mientras el primero se dedicó a aprender la lengua nahüatl y a elaborar estrategias para una más efectiva conversión de los nativos, el segundo reaccionó rápidamente quemando todos los códices (ver unidad 6) que pudo interpretando que eran peligrosos aunque no podía descifrarlos. Así podemos revisar crónica tras crónica y veremos que de la sorpresa inicial se pasó a la admiración o al repudio de lo desconocido, hasta legitimar la conquista. En general, las crónicas de las primera décadas de la conquista evidencian el “choque cultural” entre los conquistadores y los nativos y son testimonio directo de las múltiples interpretaciones acerca de los “otros”. |
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